El viento es el mejor mensajero que puedas encontrar, siempre avisa de lo venidero. Hace ya tiempo el viento trajo consigo un rugido gutural. No sabía de donde surgía aquel sonido siniestro. Los árboles se balancearon como juguete de infante. Expulsando de sus ramas a pájaros y animalillos que salían disparados como alma que lleva el diablo. Me quede paralizada, tal que estatua de arena, que cuando sopla el viento tiembla y se deshace para desaparecer en el tiempo. Otra vez tronó el viento y desperté del ensueño. ¿De dónde provenía? Tenía miedo pero la curiosidad fue más fuerte. Los sonidos que pasaban de rugidos a alaridos me llevaron hasta una cueva escondida tras unos tupidos arbustos. En la puerta surgieron las dudas. ¿Qué habría allí? ¿Me atrevería a entrar? ¿Debía hacerlo? ¿Valía la pena? Parecía obvio porque huían los animales. Allí debía haber un ser colérico de enormes dimensiones. La lógica me decía que me marchara. Pero ya sabemos que uno no siempre es racional. Y entre.

Y no había ser enorme ni enfadado. Allí se encontraba un monstruo de dimensiones pequeñas, de los que hacen travesuras como cambiarte la sal por el azúcar o dejar medio abierto el pimentero. Y su amigo y profesor de música Orejas Largas ensayando su nuevo hit Los Monstruos también lloran. Como soy muy educada me disculpe por la intromisión. Fueron muy amables y me invitaron a un té caliente. Les conté que me trajo hasta allí, con las mejillas enrojecidas de vergüenza por pensar que eran rugidos siniestros sus versos de amor. Los dos amigos se partían de risas con lágrimas en los ojos, como si les contara un chiste.
Parece que es muy común lo sucedido, sólo los más eruditos de la música entienden el arte vocal de los monstruos. Y es que el arte es relativo.
Cuento de Los Sueños de Gaia
Mercedes Gordillo Serrano





