Flores de Noche

Una noche clara de verano siguiendo un olor especial, encontré un jardín secreto plagado de flores que sólo se abren cuando llega el ocaso y se cierran para no ver el sol. 
Era tan bonito. Desprendía magia, misterio y serenidad. Uno de esos lugares donde el tiempo se detiene.
En ese jardín vivía Dama, una criatura encantadora de los hombres hoja. Se esmeraba en despertar a las flores para que admiraran la luna y se bañaran con su luz.

Flores de noche

Las flores contentas cantaban canciones de amores de verano, de lluvias de estrellas y de las estaciones de la luna.
Al principio no entendía las letras, ni siquiera las escuchaba. Cuando Dama me dio la bienvenida al concierto. Me quede perpleja, no entendía nada. 
¿Estaría sorda? Pero no era cuestión de oído, sino de idioma.
El idioma de las flores, con sus notas de color, nosotros lo percibimos por el olfato. Lo que para nosotros es un aroma; para ellas es un verso, una fragancia; una sinfonía, un matiz; una palabra. 
Y así aquella noche estrellada presencie un concierto con los cinco sentidos. Los olores se transformaron en palabras y las palabras en versos.
La piel se me erizaba por la brisa de la noche y la boca se me endulzaba del almíbar del ambiente. 
Y ese aroma embriagador me hizo vibrar de emoción en el más absoluto silencio para los que no saben entender a las flores.
Cuento de Los Sueños de Gaia

Mercedes Gordillo Serrano