Animal curioso donde los haya, el Ciervo con el Corazón por fuera. Un ser sensible y tierno que no conoce maldad ni mentira.
Algunos dicen que es un fantasma del bosque, otros que es su guardián. Cuentan que se suele aparecer cuando menos te lo esperas y siempre trae consigo un mensaje.

Un día cualquiera, lo vi por casualidad bebiendo agua de un arroyo.
Como si todos los sonidos del bosque se pararan en seco, sólo se oía el latir de un corazón. Él suyo. Estaba fuera de su pecho, totalmente al descubierto.
No intuí en él miedo alguno, ni siquiera curiosidad por mi presencia. Me miraba como si ya me conociera, como si lo supiera todo de mí y me estuviera esperando.
Me acerque ligeramente para contemplar aquella maravilla. Sólo nos miramos, no hubo palabra alguna. Su mirada era penetrante e intensa. Me perdí en sus ojos negros.
Fue como caer por un precipicio de emociones, hacia un agujero de oscuridad para bañarme en una cálida luz como si fuera un abrazo de amor, dulce como el beso de una madre.
Y al instante comprendí que los corazones cerrados no pueden dar amor, solo al exponerse al frío y al calor puede expandirse para tocar otros corazones cual semilla al viento. Y propagar su luz cual faro en la noche.
Cuento de Los Sueños de GaiaMercedes Gordillo Serrano
