El Corazón del Ciervo

Animal curioso donde los haya, el Ciervo con el Corazón por fuera. Un ser sensible y tierno que no conoce maldad ni mentira.
Algunos dicen que es un fantasma del bosque, otros que es su guardián. Cuentan que se suele aparecer cuando menos te lo esperas y siempre trae consigo un mensaje.

El Corazón del Ciervo

Un día cualquiera, lo vi por casualidad bebiendo agua de un arroyo.
Como si todos los sonidos del bosque se pararan en seco, sólo se oía el latir de un corazón. Él suyo. Estaba fuera de su pecho, totalmente al descubierto. 
No intuí en él miedo alguno, ni siquiera curiosidad por mi presencia. Me miraba como si ya me conociera, como si lo supiera todo de mí y me estuviera esperando.
Me acerque ligeramente para contemplar aquella maravilla. Sólo nos miramos, no hubo palabra alguna. Su mirada era penetrante e intensa. Me perdí en sus ojos negros.
Fue como caer por un precipicio de emociones, hacia un agujero de oscuridad para bañarme en una cálida luz como si fuera un abrazo de amor, dulce como el beso de una madre. 
Y al instante comprendí que los corazones cerrados no pueden dar amor, solo al exponerse al frío y al calor puede expandirse para tocar otros corazones cual semilla al viento. Y propagar su luz cual faro en la noche.

Cuento de Los Sueños de GaiaMercedes Gordillo Serrano

Flores de Noche

Una noche clara de verano siguiendo un olor especial, encontré un jardín secreto plagado de flores que sólo se abren cuando llega el ocaso y se cierran para no ver el sol. 
Era tan bonito. Desprendía magia, misterio y serenidad. Uno de esos lugares donde el tiempo se detiene.
En ese jardín vivía Dama, una criatura encantadora de los hombres hoja. Se esmeraba en despertar a las flores para que admiraran la luna y se bañaran con su luz.

Flores de noche

Las flores contentas cantaban canciones de amores de verano, de lluvias de estrellas y de las estaciones de la luna.
Al principio no entendía las letras, ni siquiera las escuchaba. Cuando Dama me dio la bienvenida al concierto. Me quede perpleja, no entendía nada. 
¿Estaría sorda? Pero no era cuestión de oído, sino de idioma.
El idioma de las flores, con sus notas de color, nosotros lo percibimos por el olfato. Lo que para nosotros es un aroma; para ellas es un verso, una fragancia; una sinfonía, un matiz; una palabra. 
Y así aquella noche estrellada presencie un concierto con los cinco sentidos. Los olores se transformaron en palabras y las palabras en versos.
La piel se me erizaba por la brisa de la noche y la boca se me endulzaba del almíbar del ambiente. 
Y ese aroma embriagador me hizo vibrar de emoción en el más absoluto silencio para los que no saben entender a las flores.
Cuento de Los Sueños de Gaia

Mercedes Gordillo Serrano